Por UNISON · Lectura: 5 minutos
"No pares. Hagas lo que hagas, no pares."
Después de tantos años juntos, Laura no esperaba volver a sentir esa mezcla de nervios, sorpresa y ganas de olvidarse durante unos minutos de todo lo demás.
Y lo curioso es que aquella noche no habían hecho nada especialmente extraño.
No habían probado ninguna técnica nueva.
No habían comprado ningún juguete extravagante.
No habían intentado hacer ninguna acrobacia.
Solo habían cambiado una cosa.
Y fue suficiente para que algo que conocían desde hacía años se sintiera diferente.
Su relación nunca había estado mal
Laura tiene 41 años.
Lleva 16 años con su marido y tienen dos hijos.
Se quieren.
Se siguen atrayendo.
Pero después de tantos años juntos, había algo que se había vuelto demasiado fácil de predecir.
La misma habitación.
Los mismos momentos.
Las mismas posiciones.
Las prisas porque mañana toca madrugar.
No era falta de amor.
Ni siquiera falta de deseo.
Era rutina.
Y cuando algo no está roto, tampoco sabes muy bien qué cambiar.
A veces no quieres algo más extremo. Solo algo diferente.
Laura y su marido habían hablado alguna vez de experimentar.
Pero ella no quería llenar la habitación de juguetes sexuales.
Tampoco quería tener que esconder cosas cada vez que entraban los niños o venían familiares a casa.
Y tampoco buscaba hacer posturas imposibles.
Solo quería volver a sentir algo que llevaba tiempo echando de menos:
la sorpresa.
Además, algunas posiciones seguían gustándole, pero mantenerlas cómodamente durante demasiado tiempo era otra historia.
A veces estaba más pendiente de recolocarse o encontrar apoyo que de lo que realmente estaba sintiendo.
Y cuando estás pensando:
“espera, me estoy resbalando” o “ponte un poco más hacia aquí”,
es difícil dejarte llevar de verdad.
La misma posición puede sentirse diferente cuando cambia el apoyo y el ángulo
Fue buscando comodidad cuando Laura descubrió algo sorprendentemente sencillo.
Una pequeña elevación puede cambiar cómo se colocan ambos cuerpos.
Puede hacer que determinadas posiciones sean más fáciles de mantener.
Puede aportar más estabilidad.
Y puede modificar las sensaciones simplemente porque el cuerpo ya no está colocado exactamente igual.
No hace falta aprender veinte técnicas nuevas.
No hace falta hacer nada extremo.
A veces solo hace falta colocarse mejor.
“Pensaba que simplemente iba a ser más cómodo, pero me sorprendió mucho cómo cambiaban las sensaciones al estar colocada de otra manera.”
Fue entonces cuando encontró UNISON
Su primera reacción fue:
«¿Pero esto no es simplemente un cojín?»
Y precisamente eso fue lo que más le gustó.
No parecía un juguete sexual.
No tenía motores.
No tenía una apariencia extraña.
Y no tendría que esconderlo después.
A simple vista parecía perfectamente un cojín moderno que podía quedarse encima de la cama.
Pero su forma estaba pensada para cumplir otra función.
Elevar. Apoyar. Estabilizar.
Y permitir experimentar con diferentes posiciones y ángulos con mayor comodidad.
Más comodidad. Nuevos ángulos. Total discreción.
"Venga. Vamos a probarlo."
Cuando llegó, pasó varios días en el dormitorio.
Hasta que una noche Laura miró a su marido y se rio.
«Venga. Vamos a probarlo.»
Al principio hasta les pareció gracioso.
Pero cuando Laura encontró la posición adecuada, notó algo diferente.
Más apoyo.
Más estabilidad.
Menos necesidad de sostener su propio cuerpo.
Y, sobre todo:
cambió el ángulo.
Y con él cambiaron las sensaciones.
En un momento su marido intentó moverse.
Laura le agarró del brazo.
«No.»
Él se quedó quieto.
Ella se acercó y le dijo:
«No pares. Hagas lo que hagas, no pares.»
No habían descubierto ninguna técnica secreta.
Simplemente habían encontrado otra forma de colocarse.
No salvó su matrimonio. Tampoco tenía que hacerlo.
Su matrimonio nunca estuvo roto.
Y esa es precisamente la parte importante.
Puedes querer muchísimo a alguien…
y aun así echar de menos sentir algo nuevo con esa persona.
Puedes seguir deseando a tu pareja…
y notar que todo se ha vuelto demasiado predecible.
Puedes tener una buena relación…
y necesitar salir de vez en cuando del piloto automático.
Una cosa no contradice la otra.
Más comodidad
El apoyo ayuda a mantener determinadas posiciones sin tener que corregir constantemente el cuerpo.
Diferentes ángulos
Una pequeña modificación en la elevación puede hacer que una postura conocida se sienta diferente.
Más atención al momento
Cuando estás menos pendiente de sujetarte o recolocarte, resulta más fácil concentrarte en las sensaciones y en tu pareja.
“Hay posiciones que antes acabábamos cambiando porque no estaba cómoda. Ahora puedo relajarme mucho más.”
Y nadie tiene por qué saber para qué sirve
Para Laura había otra cosa casi igual de importante que la comodidad.
La discreción.
Cuando tienes hijos, familiares o visitas en casa, no siempre quieres productos íntimos a la vista.
UNISON está pensado para no parecer uno.
A la mañana siguiente puede seguir encima de la cama.
No hace falta esconderlo.
No hace falta guardarlo en una caja.
No hace falta explicar nada.
Para cualquiera es simplemente un cojín.
Para vosotros puede significar algo completamente diferente.
No necesitáis volver a tener 25 años
Laura y su marido ya no son las mismas personas que cuando se conocieron.
Tienen hijos.
Responsabilidades.
Horarios.
Más cansancio.
Y eso es normal.
Pero que vuestra vida haya cambiado no significa que vuestra intimidad tenga que hacerse cada vez más pequeña.
Quizá no se trata de recuperar exactamente lo que teníais hace 15 años.
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Volved a sorprenderos.